Desde el campo al blockchain: la startup peruana que digitaliza la agricultura familiar

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Hugo Piñarreta, cofundador de Agros.

“El agricultor familiar es invisible, por lo que paga el impuesto a la desconfianza”, explica Hugo Piñarreta, cofundador de Agros, la startup peruana que conecta a los productores agrícolas con la economía digital.

En Perú, el 97,6% de los agricultores son familiares, lo que significa que poseen parcelas de menos de 10 hectáreas. La alta granularidad y dispersión, la falta de infraestructura vial y un mercado desordenado llevan a que estos productores estén desconectados de cuatro pilares fundamentales de la agricultura: el financiamiento, asistencia técnica, insumos y mercado.  

“¿Has perdido tu pasaporte en el extranjero? Es una de las experiencias más aterradoras que puede vivir alguien fuera de su país. Y eso es lo que les sucede a los agricultores familiares todos los días”, explica Piñarreta. “Nadie sabe dónde están, quiénes son o qué han hecho”, añade.

Además, Piñarreta señala que estos agricultores suelen carecer de acceso a smartphones, internet o correo electrónico, lo que dificulta que otros actores verifiquen su participación en proyectos o su confiabilidad.

Para abordar esta problemática, Piñarreta y su socio Robinson López desarrollaron Identi, una billetera digital basada en diferentes redes de blockchain, incluida la red LACChain del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Los productores rurales pueden acceder a esta billetera mediante una llamada telefónica, sin necesidad de internet, y verificar su identidad mediante su voz, además de almacenar información relevante.

“Por ejemplo, si la FAO ha trabajado contigo en un proyecto, la organización puede generar un certificado digital y guardarlo en tu billetera. De esta manera, cuando otra organización se acerque, podrás mostrar ese certificado y los resultados obtenidos”, explica el fundador.

El año pasado, los fundadores decidieron dividir la operación: crearon Agros para seguir desarrollando servicios para agricultores familiares, y transformaron Identi en una organización sin fines de lucro para programas de identificación, como para migrantes.

“La identidad digital no es un bien comercial, sino un derecho soberano de cada persona”, afirma Piñarreta.

Agricultor con un celular simple, llamando.
Foto: Agros

¿Por qué agricultura familiar?

No sólo representan la mayoría de los productores del país, sino que un poco menos del 1% de los agricultores familiares tiene cultivos destinados a la exportación, lo que convierte a este grupo en un potencial aún no explorado.             

“Además, se estima que la agricultura familiar está produciendo solo un 30% o 40% de su capacidad potencial. Es decir, si hoy produce 30, podría producir 100”, explica Piñarreta. “¿Te imaginas si le facilitamos duplicar su producción? Sería una oferta exportable increíble”, añade.

“Pero para que eso ocurra, el agricultor debe tener productos buenos en el tiempo indicado”, dice el emprendedor, quien aclara que el 30% de los insumos utilizados en la agricultura regional están adulterados. “Y es un problema gravísimo para el exportador, ya que no tiene cómo saber qué contiene realmente su producto”, agrega.

Para abordar este desafío, los fundadores crearon una tercera compañía agrotecnológica, Agrayu, un sistema logístico descentralizado destinado a la última milla. La plataforma cuenta con una red de tiendas que conecta las necesidades de trazabilidad del exportador con la demanda del productor rural por productos originales a precios accesibles.

Así, no solo el exportador tiene total trazabilidad de los insumos utilizados en el cultivo, sino que también el agricultor puede recibir el pago directamente en su billetera eléctrica, sin necesidad de intermediarios, y comprar insumos para un nuevo ciclo agrícola.

Agrayu también brinda asesoría a los agricultores familiares, ya que la venta funciona a través del modelo de promotores descentralizados. Los llamados Inges, jóvenes de las localidades con acceso a internet, se acercan a los agricultores, “ya sea en auto, camión, bicicleta o burrito”, describe el emprendedor. Ellos crean una identidad digital para los agricultores, gestionan y canalizan consulta técnicas a través de fotografías que llegan a un ingeniero. Luego, entregan el insumo y verifican si el agricultor lo aplicó.

“A una empresa de insumos tradicionales le cuesta aproximadamente US$ 2 mil para enviar un ingeniero agrícola a visitar un agricultor. A mí me cuesta alrededor de US$ 35 semanalmente, más un bono de US$ 500 a US$ 600”, dice Piñarreta. “No le estoy dando un Ferrari al agricultor, pero sí un buen carro cumplidor”, añade.

Ecosistema agrícola

“La pequeña agricultura está desatendida. Aunque representa un océano azul de oportunidades, también conlleva un alto costo de desarrollo”, señala Piñarreta. “La experiencia me ha enseñado que este desafío es tan monumental que es imposible abordarlo solo; nadie cuenta con los recursos financieros suficientes para hacerlo”, agrega.

Hoy, Agros cuenta con una red de afiliados que buscan abordar los silos de necesidades del pequeño agricultor, todos conectados a través de la identidad digital.

Por ejemplo, un Inge recolecta una muestra de un terreno agrícola, que son enviadas a un laboratorio asociado para realizar pruebas de plagas. Con los resultados de estos estudios, el productor puede acceder a proveedores de insumos agrícolas, así como a la empresa de agricultura de precisión Netafim, que ha desarrollado un kit de riego creado especialmente para los minifundios.

En esa misma plataforma, el agricultor puede compartir su información con una institución financiera, la cual puede utilizarla para generar un puntaje crediticio y ofrecer créditos.

Al formar parte del blockchain de Agros, el productor también puede acceder a servicios de telemedicina: “Nuestro mejor seguro es la salud del agricultor, y ofrecemos este servicio porque muchas veces está alejado de la atención médica”, explica el emprendedor.

Con este modelo de negocios, Agros ha digitalizado a mil clientes, generado más de 50 créditos, 30 estudios de suelo, 300 ventas de insumos y cuenta con una red de 10 Inges locales.

Actualmente la ruraltech está desarrollando un programa que permitirá a los productores, con su identidad digital, generar bonos de carbono en sus campos para obtener ingresos adicionales por sus prácticas sostenibles.

“Todo se respalda en la identidad digital. Cada actor que interactúa con el agricultor deja un registro, y ese estudio de suelo puede convertirse en un bono de carbono”, dice Piñarreta. “Pero esa información queda con el agricultor; es suya y, por primera vez, puede compartir con quien quiera”, concluye.

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