El consumo de vitamina B estaría vinculado a una buena salud cerebral

Foto de Siora Photography en Unsplash

Por otro lado, el déficit de esta vitamina ha sido vinculado a síntomas neurológicos y psiquiátricos.

 

Muchos estudios aseguran una relación directa entre la dieta y la salud. Específicamente, hay un vínculo muy claro entre el consumo de vitamina B y una correcta función cerebral.

 

De acuerdo con un artículo publicado por la revista Nutriente, las vitaminas tipo B «son absolutamente esenciales para todos los aspectos de la función cerebral». Este grupo está compuesto por la tiamina (B1), la riboflavina (B2), la niacina (B3), el ácido pantoténico (B5), la vitamina B6, el ácido fólico (B9) y la vitamina B12, que habrían demostrado ser beneficiosos para mantener una buena salud cerebral, además de ayudar al proceso de producción energética en el cuerpo a través de la alimentación, la generación de glóbulos rojos y la reparación de ADN y ARN.

 

Al otro lado de la moneda, un déficit de vitamina B también tendría un impacto en el cerebro con síntomas neurológicos y psiquiátricos, entre ellos irritabilidad, trastornos emocionales, confusión, trastornos del sueño, pérdida de memoria, amnesia, entre otros. Además, la deficiencia de vitaminas B9 y B12 puede provocar “trastornos afectivos, cambios de comportamiento, psicosis, deterioro o declive cognitivo o demencia (incluida la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular)”, según el artículo.


A pesar de que los médicos son cautos con estas recomendaciones, hay suficiente literatura para sustentar que una dieta balanceada que incluya los principales minerales y vitaminas necesarias para el buen funcionamiento del organismo puede promover una buena salud mental. En un artículo publicado por The Economist, se asegura que ya hay un campo especializado en estudiar esta relación, conocida como psiquiatría nutricional. De acuerdo con la nota, el cerebro humano adulto usa un 20% de energía metabólica, lo que implica una gran necesidad de nutrientes esenciales que rara vez se consiguen ya que la mayoría de las recomendaciones publicadas están vinculadas a las necesidades físicas.

 

Si bien la mayoría de estas vitaminas puede consumirse a través de una dieta balanceada, con alimentos como proteínas, los vegetales de hojas verdes, cereales y nueces, a veces es necesario recurrir a los suplementos. 

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