El futuro de los viajes: ¿Pasaporte de carbono para mitigar la contaminación aérea?

LinkedIn
Twitter
Facebook
WhatsApp
Email
En un mundo donde la demanda turística se dispara, la preocupación por las emisiones de carbono de la industria de viajes crece. ¿Podría un "pasaporte de carbono" ser la respuesta?

El año 2023 marcó un resurgimiento en la industria de viajes, con un aumento significativo en la demanda turística que incluso llegó a superar las cifras prepandémicas. Sin embargo, esta bonanza económica viene acompañada de una seria preocupación ambiental. Según cifras de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) los vuelos comerciales representan entre el 2 y el 3% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. La industria aérea desmedida ha llevado a los expertos a considerar medidas drásticas, como la posible introducción de un “pasaporte de carbono”.

Según datos de la Agencia de Protección Ambiental, el transporte, que incluye vuelos, trenes y autos, contribuyó al 29% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en 2021. Los vuelos solos representan alrededor del 2.5% de estas emisiones, utilizando una cuarta parte del “presupuesto de carbono” mundial proyectado para 2050. Estas cifras alarmantes se ven exacerbadas por el hecho de que las emisiones de CO2 de aviones comerciales aumentaron un 32% entre 2013 y 2018.

La plataforma Shame Plane destaca el impacto ambiental de los viajes aéreos al señalar que un simple vuelo de ida y vuelta desde París a Los Ángeles emite más gases de efecto invernadero de los permitidos anualmente según los objetivos del Acuerdo de París.

Para abordar este problema, algunos proponen la idea de un “pasaporte de carbono”. La iniciativa, presentada en un informe por el operador turístico australiano Intrepid Travel en colaboración con la agencia de previsión The Future Laboratory, propone asignar a cada individuo una cantidad anual de carbono que no pueden exceder. Este “pasaporte de carbono” sería un registro de los vuelos de cada persona y su contribución a la huella de carbono. Si se supera el límite asignado, se impediría a la persona volar durante un periodo determinado, obligándolas a ajustar su consumo de carbono de acuerdo con el presupuesto global establecido en 750,000 millones de toneladas hasta 2050.

Aunque el concepto es especulativo y no hay anuncios oficiales ni proyectos concretos, la idea de asignaciones personales de carbono no es nueva. El Parlamento del Reino Unido debatió un concepto similar, llamado “comercio personal de carbono”, en 2008, pero no llegó a ninguna parte debido a su complejidad y la posibilidad de resistencia pública.

Esta propuesta surge en un contexto en el que diversas leyes y restricciones se han implementado en todo el mundo para abordar las emisiones contaminantes del transporte. La atención no se limita al transporte aéreo, ya que la industria de cruceros también enfrenta críticas por sus significativas emisiones de gases. Investigaciones revelan que los cruceros emiten cuatro veces más gases sulfúricos a la atmósfera que 291 millones de automóviles juntos.

Aunque la industria de viajes ve con escepticismo la idea del pasaporte de carbono, se espera que los próximos años traigan consigo una explosión de “viajes regenerativos”, con pasajeros considerando más conscientemente el impacto ambiental de sus elecciones de viaje. A medida que se intensifica la preocupación por la crisis climática, la implementación de medidas más estrictas para reducir la huella de carbono en la industria de viajes parece ser solo cuestión de tiempo.

LinkedIn
Twitter
Facebook
WhatsApp
Email

Noticias relacionadas

Translate »