Federico Bert, IICA: “Las Agtechs están abriendo un nuevo horizonte en el desarrollo que realmente involucran al usuario final”

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Responsable del programa de digitalización agroalimentaria del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura

El cambio climático, la producción sostenible y el aumento de la productividad son los tres principales desafíos para la industria agrícola, según Federico Bert, responsable del programa de digitalización agroalimentaria del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), quien participará en el MTC, el roundtable online organizado por SIMALCO, el próximo 30 de abril.

Para abordar estos desafíos, Bert destaca la importancia de las nuevas tecnologías: “La digitalización de los sistemas agroalimentarios es un campo relativamente nuevo, pero su transformación y evolución solo serán posibles si se introducen nuevas tecnologías”.

Para promover esta transformación, el IICA lleva a cabo diversas actividades con sus 34 países miembros, entre las que se destaca la Semana de la Agricultura Digital. Este evento reúne a diversos actores del ecosistema de innovación agrícola, como fondos de inversión, Agtechs, organizaciones de productores, investigadores y decisores políticos, con el objetivo de generar vínculos y acciones concretas.

“Debemos consolidar un ecosistema regional que conecte a los distintos actores de diferentes países y promueva el uso de tecnologías en toda la región”, dice Bert.

– ¿Cuál es el papel de América Latina y el Caribe en la alimentación global actualmente?

– El papel de nuestra región es fundamental en dos aspectos clave. Por un lado, en la seguridad alimentaria, dado que somos el principal exportador neto de alimentos, y por otro lado, en la sostenibilidad. América Latina cuenta con una riqueza excepcional en biodiversidad, recursos naturales, instituciones sólidas y capacidades sociales para la producción de alimentos y energía.

Además, la actividad agropecuaria desempeña un papel central en la economía de nuestros países. Esta industria representa una proporción significativa del Producto Interno Bruto (PIB), oscilando entre el 5% y el 10%. Si consideramos todas las actividades dentro de la finca, su relevancia en el PIB se eleva considerablemente, alcanzando el 20%, 30%, e incluso superando el 40%.

– ¿América Latina está aprovechando su potencial para convertirse en una potencia agroalimentaria a nivel global?

– Diría que es una potencia y lo viene reforzando día a día. Sin embargo, esto no implica que no pueda alcanzar un mayor peso y tener un margen de mejora.

Evidentemente, el desafío del cambio climático es central, y presenta dos dimensiones importantes. Por un lado, los agricultores deben adaptarse a los nuevos escenarios climáticos para mantener su productividad y rentabilidad. Por otro lado, necesitan ajustar sus prácticas agrícolas, gestionar las fincas de manera más eficiente para disminuir las emisiones los gases del efecto invernadero y mitigar el cambio climático.

– ¿Cómo entran las startups Agtech en este escenario?

Es realmente llamativo y esperanzador el nivel de desarrollo de tecnologías que se está viendo en las Américas. Hay miles, me animo a decir, de emprendedores jóvenes vinculados al sector agrícola trabajando en nuevas soluciones digitales.

Por un lugar, definitivamente va a haber más soluciones disponibles para los agricultores. Por otro lado, igualmente importante, América Latina y el Caribe puede ser un actor muy importante en el desarrollo de tecnologías agro no solo en la región, sino para el mundo. Muchas de las tecnologías desarrolladas son escalables para su aplicación en el resto del mundo.

Ecosistema de startups

– ¿Existe un ecosistema de Agtechs consolidado en América Latina?

– Hay una gran heterogeneidad en la región. Algunos países, tienen ecosistemas de innovación más avanzados, mientras que en otros, como Centroamérica, aún están en etapas muy tempranas. Aunque están surgiendo actores en estas áreas, todavía no existe una coordinación efectiva entre ellos.

Podemos observar algunas conexiones debido a la participación de ciertos actores en diferentes ecosistemas. Por ejemplo, fondos de inversión como The Yield Lab operan en varios países, lo que genera una cierta convergencia en algunas interacciones.

Sin embargo, aún no se ha consolidado un ecosistema regional unificado, y esto es algo que el IICA está promoviendo activamente a través de su programa de digitalización alimentaria.

– ¿Será porque las startups son pequeñas, son más ágiles de crear alianzas entre distintos actores?

– Indudablemente, creo que es uno de sus atributos principales. El tamaño reducido de las Agtechs y su constante búsqueda de modelos de negocio y tecnologías relevantes para su audiencia las obliga a ser dinámicas, flexibles y adaptables. 

Por ejemplo, 15 o 20 años atrás el desarrollo de la genética estaba concentrado en muy pocas empresas grandes. Para un agricultor, era imposible crear soluciones ajustadas a sus necesidades.

Hoy, es totalmente distinto. Cuando los agricultores identifican una necesidad específica, puede comunicársela directamente a la startup, que desarrollará una solución a medida.

En ecosistemas más avanzados, como los de Argentina y Brasil, a menudo el productor que propuso el nuevo desarrollo termina financiando a esa Agtech. Esto antes era impensable. Las Agtechs están abriendo un nuevo horizonte en el desarrollo de tecnologías que realmente involucran al usuario final.

– ¿Cuáles son los principales desafíos para que se sigan conformando ecosistemas?

– Justamente, desde IICA estamos impulsando la creación de una red regional de Agtechs. Por ejemplo, mantenemos una interacción constante con las startups que participaron en las ediciones anteriores de las Semanas de la Agricultura Digital.

Quizás el desafío más importante es aumentar la frecuencia de nuestros encuentros presenciales. Para ello, en la próxima Semana de la Agricultura estamos buscando aliados estratégicos que nos apoyen financieramente, permitiendo que representantes de distintos países de las Américas puedan participar en el evento.

Además, necesitamos que el sector público muestre interés y lideren acciones que fomenten el diálogo y la colaboración, como ha sucedido en Argentina y Brasil. Por ejemplo, sería beneficioso invertir en la organización de misiones de Agtech a otros países.

No se hace mucho porque los estados tienen presupuestos acotados y prioridades impostergables, pero hace falta mayor compromiso en este sentido.

¿Cómo ves el rol de las grandes empresas agropecuarias? No veo que tengan incentivos de formar y conectar redes, ya que, por ejemplo, sería mejor tener la tecnología para sí mismo para superar la competencia.

– Es cierto que las grandes empresas del sector agropecuario están evaluando su posición en este nuevo panorama de transformación digital. Muchas de ellas están explorando seriamente las tecnologías digitales, al igual que las corporaciones tecnológicas están mirando muy seriamente el agro.

En general, las principales corporaciones agropecuarias tienen sus propias iniciativas de desarrollo. Sin embargo, también están observando muy de cerca el ecosistema emprendedor y, en algunos casos, colaboran e incluso adquieren startups del sector.

Por supuesto que ante toda transformación hay diversos intereses en el juego, y cada actor busca posicionarse estratégicamente.

Quizás la actitud colaborativa no es generalizada, pero, por ejemplo, recibimos apoyo de Bayer y Microsoft en la Semana de la Agricultura Digital, y sumaremos otros este año.

Las grandes corporaciones se enfrentan desafíos por sus estructuras y culturas organizacionales, distinta a las de las nuevas generaciones. Los emprendedores son ágiles, se alían y vuelven a aliarse, lo que les otorga ventajas competitivas para este nuevo escenario.

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