La economía del donut para el desarrollo sostenible

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Las nuevas tendencias en sostenibilidad promueven enfoques integrales, que buscan medir el progreso de los países de una manera diferente, más allá del crecimiento económico e indicadores tradicionales como el PBI.

En una de las sesiones del Evento Perú Sostenible En Vivo, tuve la oportunidad de escuchar la exposición de Carlota Sanz sobre el Modelo de Economía del Donut; ella es su cofundadora, junto a Kate Raworth, quien lo presentó en el Foro Económico Mundial en 2017.

¿Qué nos dice este enfoque? Que pensemos en el modelo económico de nuestros países y ciudades como un donut:

En el agujero interior del donut se visibilizan necesidades básicas para el bienestar: comida, agua potable y saneamiento, vivienda, educación, igualdad de género, trabajo, libertad política, etc. El objetivo es que todos tengamos acceso a estos derechos y que, en paralelo, nos mantengamos dentro del techo ecológico del planeta. Y justamente la zona de afuera del donut representa esos límites ambientales. El espacio que queda entre el anillo interior y exterior –el donut que ven en verde– es el espacio donde la humanidad puede prosperar, un lugar “ecológicamente seguro y socialmente justo”.Es una visión interesante porque ayuda a entender cómo las empresas juegan un rol esencial en la construcción de un modelo de economía sostenible y cómo los países deben tener claros estos límites para ser sustentables a largo y mediano plazo. Algo así como un marco de referencia de cómo van avanzando y desarrollándose las naciones.

Aunque la implementación del modelo está más difundida en Europa (ciudades como Ámsterdam ya lo han hecho así), existen ejemplos prácticos muy interesantes en los que se comparan distintos países. Por ejemplo, en el caso de Etiopía, muchas de las necesidades básicas (en el medio del donut) no están cubiertas y más bien, están en condiciones críticas; pero por otro lado, su nivel de desarrollo industrial no pone en presión ecológica al planeta, al estar todavía lejos de sobrepasar el “techo ecológico”.

En el caso de Australia, sucede lo contrario. Al centro del donut, con buenos indicadores, vemos que todos los derechos fundamentales están asegurados: educación, salud, techo, los que mencionamos al inicio; sin embargo, están sobrepasando por muchísimo el “techo ecológico”.

En el medio, se encuentran países en vías de desarrollo como Perú. En este caso, aún no todos los servicios base se encuentran cubiertos. Por ejemplo, la equidad, sanidad y pobreza están en rojo. Al mismo tiempo, hemos comenzado a traspasar nuestro techo ecológico en temas de cambio climático y pérdida de biodiversidad.

La conexión del modelo donut con la economía circular

Este modelo propone un enfoque integral, que ayuda a entender que los negocios tienen que conectar más y ser más distributivos y regenerativos por diseño. ¿Qué quiere decir esto? Por un lado, revisar cómo impactan en la calidad de vida de las personas y que esto, en lo posible, se dé de manera más equitativa. Por otro lado, en lo ecológico, que las empresas trasciendan, que pasen de solo minimizar su impacto ambiental a asegurar que este sea positivo para el planeta y regenere ecosistemas.

Este modelo conecta directamente con el concepto de economía circular. La economía lineal, su contraparte, ha dominado el modelo tradicional de negocio de empresas desde la revolución industrial. Esta se simplifica en un proceso básico de extracción de recursos, de producción, consumo y desecho de recursos, donde, se asume que la Tierra es una fuente infinita de materiales, y de asimilación de desechos, cuando claramente, no es así. Todo lo contrario, en la naturaleza, nada sobra, todo se reaprovecha.

Vivimos tiempos complejos, entre pandemia, crisis política, económica y ecológica, donde es esencial reflexionar sobre cómo queremos vivir y qué futuro queremos dejar para nuestros hijos. En ese sentido, creo que la naturaleza es sabia. Inspirada en el modelo del donut, propongo algunas prácticas con las que podemos llevar una vida más responsable, en armonía con la naturaleza, a través de la economía circular:

– Fomentar una cultura de reciclaje en casa, comienza por separar bien tus residuos, separa todo en 3: 1. residuos de comida, 2. basura y 3. material y/o envases reciclables, siguiendo las guías claras para disponer los materiales en las distintas Estaciones de Reciclaje que pueden haber en tu distrito. Si quieres dar un paso más allá, puedes hacer compost en casa.

– Dale una nueva vida a las cosas que ya no quieras usar (desde envases, ropa, muebles, electrodomésticos, etc.) Hay todo un mundo para el segundo uso de objetos, y si no lo puedes hacer tu, no te preocupes que hay distintos emprendimientos a los que recurrir.

– En las empresas, un punto de partida clave es repensar el diseño de sus productos, considerando todo su ciclo de vida. Muchas veces, pueden optimizar procesos re-aprovechando ciertos residuos como insumos que vuelven a ser insertados en la cadena de producción. Es clave buscar extender el ciclo de vida de los productos.

– Promover las plataformas de intercambio, muchas veces los residuos de una industria pueden ser insumos para otros.

– Por último, promover un modelo de desarrollo y consumo que pase de lo material a las experiencias. ¿Qué quiero decir con esto? Como consumidores, una vez que logremos un nivel de calidad de vida en el que cubramos necesidades básicas y vivamos con comodidad, pensemos antes de comprar una tele más grande u otra cartera de marca y empecemos a invertir más en experiencias, viajes y crecimiento cultural. ¡De paso que promovemos el desarrollo de nuestro país a través del turismo!

 

 

En este camino, la transición hacia una economía circular, que supone el mejor aprovechamiento de los recursos naturales y la regeneración de los ecosistemas a través de la innovación y el uso de tecnología, es esencial para seguir soñando con el futuro que queremos. ¡Hagámoslo posible!

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