Latinoamérica en la COP27

Foto de William Bossen en Unsplash

Según datos del 2019, Latinoamérica y el Caribe son responsables del 10% de las emisiones de CO2 totales globales, posicionándose en tercer lugar, detrás de Asia Oriental (27%) y Norteamérica (12%). 

 

Desde el domingo se viene llevando a cabo la COP27, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un evento de dos semanas que reúne a más de 190 países para conversar acerca de este fenómeno que ya nos viene impactando de manera global. 

Según datos del 2019, Latinoamérica y el Caribe son responsables del 10% de las emisiones de CO2 totales globales, posicionándose en tercer lugar, detrás de Asia Oriental (27%) y Norteamérica (12%). Dentro de los 20 países del mundo que más han contribuido históricamente al cambio climático, Brasil lidera en la región con el cuarto lugar, seguido de Argentina, en el puesto 14 y México, en el lugar 15. Basados en la relación del tamaño, población y economía, la mayoría de los países de Centroamérica, así como las islas, generan menos del 0,1% de las emisiones globales. 

 

Al finalizar la cumbre del 2021 en Glasgow, todos los países participantes acordaron actualizar sus planes nacionales de mitigación con acciones concretas que permitan responder a esta crisis, sin embargo, al 2022 solo 23 países lo han logrado. La cumbre de este año, que se viene llevando a cabo en Egipto, busca “pasar de las negociaciones a la planificación de la aplicación de las promesas y compromisos realizados”. En el caso de la región, parte del problema recae en que el Grupo de Latinoamérica y el Caribe (GRULAC) también negocia por separado bajo diferentes grupos: la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, y la Alianza de Pequeños Estados Insulares, cada uno con sus diferentes preocupaciones y agendas. Los dos gigantes latinoamericanos, México y Brasil, también negocian en paralelo.   

Se espera que el término de esta conferencia, el grupo alcance importantes acuerdos con respecto a la financiación internacional y también que se avance en la negociación sobre los pagos conocidos como “de pérdidas y daños”, una medida de compensación a los países en vías de desarrollo, los que más sufren por el cambio climático, por parte de los países ricos, que en la mayoría de los casos son los principales emisores de gases de efecto invernadero.

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