MBAs en la ola de la transformación

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La principal maestría para ejecutivos está evolucionando para adaptarse a las nuevas realidades de candidatos y empleadores, con la implementación de diversas modalidades hasta modificando el núcleo del currículum.

Durante la pandemia, Sung Han Lee, el gerente de ventas retail de Lenovo Chile, recibió una beca de su compañía para cofinanciar un programa educativo. Como la mayoría de sus colegas, decidió aprovechar la oportunidad para cursar una maestría en administración de negocios (MBA, por sus siglas en inglés).

“Siempre quise hacer un MBA para ampliar mis conocimientos académicos, expandir mi red de contacto y alcanzar el prestigio que logras al completar la carrera”, explica Lee, quien se graduó del MBA for the Americas, un programa de la Universidad de Chile que ofrece un doble grado con la Universidad de Tulane de Estados Unidos.

Al igual que Lee, muchos ejecutivos de América Latina buscan cursar un MBA, un programa asociado al acceso a círculos prestigiosos, habilidades de liderazgo y, en general, más puertas abiertas.

“Cuando una persona aplica a un nuevo empleo, poseer un MBA no sólo habla de los conocimientos adquiridos, sino también de su interés en tomar desafíos, cumplir metas desafiantes y proyectarse al futuro”, señala Marcela Romero, gerente de Manpower Business Professionals.

Según el estudio “Corporate Recruiters Survey 2023” de Graduate Management Admission Council (GMAC), la contratación total de MBAs en América Latina en 2022 aumentó más que la de egresados de cualquier otra maestría en negocios. Además, el 64% de los ejecutivos encuestados expresaron su intención de aumentar la contratación de profesionales con este perfil, en comparación con el 56% a nivel global.

A pesar de estos datos alentadores, mundialmente las aplicaciones para programas de MBA está disminuyendo, con una caída del 6,5% en 2022 y del 4,9% en 2023, según el estudio “Application Trends Survey” de la misma organización.

Al mismo tiempo, surge un cuestionamiento sobre si los MBA son una solución adecuada para los desafíos de la alta dirección, o si el retorno a la inversión vale la pena, considerando que tiene un costo promedio de entre US$ 20 a 30 mil en América Latina.

Juan Pablo Torres, vicedecano de Postgrados de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) en Chile, explica: “Hoy está claro que los profesionales graduados de MBA, un programa generalista, serán capaces de entender las diferentes áreas funcionales de una empresa como finanzas, marketing, operaciones. Pero nos preguntamos si realmente será capaz de tomar decisiones en el mundo real”, añade.

Percy Marquina de Centrum, Marcela Romero de Manpower Business Professionals, y Eric Porras de EGADE.
Percy Marquina de Centrum PUCP Escuela de Buenos Negocios, Marcela Romero de Manpower Business Professionals, y Eric Porras de EGADE Business School.

Trabajar durante el día, estudiar durante la tarde

“Los candidatos siguen estando dispuestos a invertir en un MBA, pero buscan programas de muy alta calidad en Estados Unidos y Europa, y hay muy poco interés en opciones locales”, explica Thomas Scott, CEO de Tide Changer, una consultora especializada en coaching y capacitaciones a ejecutivos que buscan ingresar a escuelas de negocios de élite. “En este sentido, el programa tradicional de MBA de dos años sigue siendo el más popular”, añade.

Además del prestigio de la universidad y el reconocimiento que implica obtener un MBA de una escuela bien clasificada en los rankings internacionales, Scott señala que los candidatos ven esta experiencia como una oportunidad para conectarse con reclutadores.

“Un MBA full-time es ideal para estudiantes internacionales, porque pueden construir relaciones con empresas durante sus prácticas y obtener una autorización para trabajar en el país”, explica Bradley Staats, decano adjunto de MBA de Kenan-Flager Business School de University of North Carolina.

Sin embargo, Scott reconoce que cada vez hay más más interés por otras modalidades de programas, especialmente debido el alto costo de estudiar en el extranjero. En el caso de las principales escuelas de negocios estadounidenses, el costo puede llegar a alrededor de US$ 200.000, diez veces más que algunos programas regionales. Staats también indica que la preferencia por programas part-time está creciendo entre los estudiantes nacionales, ya que les permite trabajar mientras estudian.

“Hacer un MBA ya requiere un gran sacrificio de tiempo, y estudiar en el extranjero implica una inversión aún mayor en recursos y oportunidades perdidas, ya que tendría que dejar mi trabajo”, explica Lee sobre su decisión a estudiar un MBA que requería asistir a la universidad solo dos veces por semana y un sábado al mes. “Acá pude seguir trabajando mientras cursaba el MBA, sin comprometer mi estabilidad económica”, añade.

Estas mismas razones explican por qué en América Latina los programa de full-time MBA son menos comunes. Por ejemplo, en la EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey en México, solo uno de sus programas de MBA es full-time, en Centrum de la Pontificia Universidad Católica del Perú esta modalidad está dirigida mayoritariamente para extranjeros, y la UAI eliminó esta opción hace dos años.

“Somos una institución market-driven. Desarrollamos un mercado de guerrillas atendiendo a las necesidades de cada segmento del mercado que observamos”, explica Percy Marquina, director general de Centrum.

De esta manera, esta escuela no solo ofrece el ya clásico Executive MBA, dirigido a profesionales con más experiencia e impartido de forma parcial, sino que también está desarrollando programas sunrise y sunset (clases que comienzan antes o después del horario laboral), online sincrónicas para estudiantes en otras regionales, asincrónicas para aquellos con conexión limitada a internet, e incluso programas en inglés para ejecutivos extranjeros interesados en estudiar en Perú.

Paola Nigrinis de PwC Colombia y Juan Pablo Torres de la Escuela de Negocios de UAI.
Paola Nigrinis del Centro de Conocimiento y Experienia de PwC Colombia y Juan Pablo Torres de la Escuela de Negocios de UAI.

Bajando de la torre de marfil

Cada cierto tiempo, los MBA son objeto de cuestionamiento. Después de la crisis financiera del 2008, el periodista de negocios y MBA de Harvard, Philip Delves Broughton, apodó el programa como “Maestría en Apocalipsis de Negocios”. En 2015, la ex directora de operaciones de Meta Sheryl Sanberg dijo que estos programas no eran necesarios para una empresa tecnológica, mientras que en 2018, el empresario estadounidense Mark Cuban afirmó que no era fan de los MBA.

Una de las críticas más comunes se refiere a la desconexión de las escuelas de negocios con la realidad del mercado. “Después del 2000, con las disrupciones tecnológicas y la abundancia de información en internet, las empresas se dieron cuenta que los conocimientos se estaban volviendo obsoletos”, explica Juan Pablo Torres.

En respuesta a estas inquietudes, las universidades consultadas están enfocándose en dos temas consideradas hoy esenciales para líderes empresariales: tecnología y sostenibilidad. Por ejemplo, enseñan cómo se puede desarrollar nuevos modelos de negocios, lanzar productos al mercado y abordar necesidades utilizando tecnologías emergentes. Además, están integrando la sostenibilidad en disciplinas fundamentales, agregando temas como cadenas de suministro cerradas o finanzas verdes.

“Si hace 10 años dudábamos si era pertinente cambiar el currículum, hoy entendemos que si el 80% del programa se mantiene por más de un año y medio, es señal de mala calidad”, dice Percy Marquina, quien ha renombrado la institución a “Centrum PUCP, Escuela para los Buenos Negocios”.

Al mismo tiempo, escuelas como Kenan-Flagler han creado espacios donde los alumnos pueden interactuar directamente con la industria, actuando como consultores en proyectos reales de empresas.

“Uno de nuestros pilares es la co-creación con la industria para ofrecer una educación en negocios adaptable”, dice Bradley Staats, aunque aclara que el objetivo de la Escuela no es solo proporcionar conocimientos relevantes para las compañías hoy, sino también preparar a los estudiantes para el futuro. “A menudo, las universidades pueden ser lentas para cambiar. Y en parte, es bueno porque representa nuestra visión de cómo debe ser la educación”, agrega.

En contraste, la UAI ha optado crear programas completamente diferentes al MBA tradicional. Por ejemplo, han desarrollado el Multinational MBA, diseñado para gerentes con al menos 15 años de experiencia laboral. El programa los expone a realidades empresariales de siete ciudades globales y los prepara para posicionarse en empresas transnacionales o gerencias regionales.

En respuesta a las críticas, Torres señala que tomaron la decisión de solamente contratar docentes de posgrado con experiencia práctica, además de un doctorado. La escuela también descartó exigirles elaborar publicaciones académicas para priorizar su vinculación con la industria, arriesgando la posición de la institución en los rankings.

“Las escuelas de negocio están tan enfocadas en las métricas de los rankings, como las publicaciones, que se están alejando completamente de la realidad empresarial”, dice el vicedecano. “Nuestro enfoque es diferente al de los MBAs clásicos: enseñamos habilidades de dirección real, fomentamos una mentalidad de crecimiento personal y promovemos un networking sólido. Por eso nos prefieren aquellos que buscan una formación más práctica”, concluye.

Thomas Scott de Tide Changer, y Bradley Staats de Kenan-Flager Business School de University of North Carolina.
Thomas Scott de Tide Changer, y Bradley Staats de Kenan-Flager Business School de University of North Carolina.

¿Bienes sustitutivos o complementarios?

En su crítica a los MBA, Mark Cuban afirmó “Si tienes un vacío en tu base de conocimientos, hay un montón de cursos en línea que puedes tomar”. Pero ¿qué tan cierta es esta afirmación?

Por una parte, existen las maestrías especializadas, programas de escuelas de negocios que entregan un conocimiento más profundo en un área específica de negocio, en contraste con la visión generalista de los MBA. En el caso de EGADE, la maestría de finanzas es la segunda más popular después del MBA, y cada vez más candidatos buscan la maestría de analítica de datos, así como en la recientemente relanzada maestría de mercadotecnia.

“Las maestrías especializadas permiten a los estudiantes enfocarse en sus proyectos y establecer contactos con personas de su propia área, algo que no encontrarás en un MBA”, afirma Scott de Tide Changer.

También existen opciones como diplomas o certificados ofrecidos por la consultora PwC en Colombia a través de su Centro de Conocimiento y Experiencia, desde programas específicos de contabilidad hasta aquellos diseñados a medida para una empresa, incluyendo el programa de alta gerencia.

Según la líder del centro, Paola Nigrinis, la consultora tiene la ventaja de no estar controlada por un ministerio de educación y contar con profesores socios directores o gerentes de la firma, que conocen íntimamente los desafíos de sus clientes y así pueden entregar un enfoque altamente práctico en los cursos.

Sin embargo, Nigrinis afirma que “más que una competencia, somos un complemento del MBA. Éste proporciona una formación integral en gestión, te entrena para pensar como un directivo y comprender lo que está sucediendo a nivel global”.

“Efectivamente, un MBA no es el único camino para el éxito, pero sigue siendo el programa de maestría de negocios por excelencia”, defiende Eric Porras, el director de programas MBA de EGADE, quien agrega que muchas empresas solicitan específicamente a sus candidatos tener un MBA, algo que no ocurre con otros programas.

La escuela imparte la materia “Visión de futuro” que inculca a los estudiantes a pensar soluciones innovadoras para hoy, pero también proyectadas para 20 años más adelante. “Programas con este nivel de sofisticación difícilmente lo encontrarás en un certificado”, afirma.

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