Rompiendo silos: Agtechs que desafían la agricultura tradicional

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América Latina es el mayor exportador de alimentos del mundo, pero aún hay quiebres en la cadena de producción, marcados por ineficiencias en el uso de recursos naturales. Son silos de la industria que estas startups tecnológicas están rompiendo, y con rapidez.

“¿A quién hemos cambiado la vida?”, preguntó Robinson López a su socio Hugo Piñarreta, ambos cofundadores de una consultora de agrotecnología.

El ingeniero, nieto de agricultores familiares, regresó al campo 28 años después para el funeral de su abuela. Allí visitó la casa familiar, que seguía en las mismas condiciones precarias de su infancia.

Durante tres años, los socios habían gestionado más de 20 proyectos de US$ 1,5 millones en la región, experimentando con drones, satélites, espectrometría y más. “Los grandes productores aumentaron su precisión de 86% al 95% con nosotros, ganando más plata. No había mayor impacto ahí”, recuerda Piñarreta.

Finalmente, decidieron vender su consultora y fundar Agros y Agrayu, con el objetivo de brindar servicios a agricultores familiares de Perú, que representan el 97,6% de los productores. Sin embargo, éstos sufren de lo que el emprendedor llama el ‘impuesto a la desconfianza’, que les dificulta acceder a financiamiento, asistencia técnica, insumos y al mercado.

Agros aborda este problema mediante la creación de una billetera digital respaldada en blockchain. Allí el agricultor almacena su identidad, datos de trazabilidad de sus productos y las actividades realizadas con distintos actores involucrados en el proceso. Además, puede acceder y compartir estos datos con una simple llamada telefónica y verificación de voz.

Mediante esta billetera digital, los agricultores también pueden recibir servicios del ecosistema de Agrayu y sus asociados. Por ejemplo, realizar pruebas de suelo, adquirir insumos según los resultados y vender sus productos a exportadores verificados. También pueden obtener créditos de fintechs y generar bonos de carbono por sus prácticas sostenibles.

Como Agros, en América Latina están surgiendo startups enfocados en la agricultura que buscan llenar las lagunas de la industria con tecnologías innovadoras. En los últimos cinco años, estas Agtechs de la región recaudaron US$ 7,8 mil millones, representando el 21% de la industria de capital de riesgo total, según un informe de AgFunder de 2023. Y, según datos de The Yield Lab Latam, la venture capital enfocada en Agrifoodtechs, el año pasado la región cerró con 1.800 startups de esta vertical, un incremento de 100% en los últimos cinco años.

“Esto no sólo significa que habrán más soluciones disponibles para los agricultores, sino que también abre la puerta para que América Latina y el Caribe se conviertan en actores clave en el desarrollo de tecnologías agrícolas a nivel regional y mundial”, dice Federico Bert, coordinador de digitalización agro del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). “Para lograrlo, necesitamos consolidar el ecosistema regional”, añade.

Lee más: Desde el campo al blockchain: la startup peruana que digitaliza la agricultura familiar

Agricultor con un celular simple, llamando.
Foto: Cortesía de Agros

Por qué agricultura

“Somos capaces de producir alimentos suficientemente para sustentar a todos los habitantes de la región y, sin embargo, hay cientos de millones de personas que día a día pasan hambre”, dice Andrés Allamand, el Secretario General Iberoamericano (SEGIB).

De hecho, la región ostenta los precios de alimentos más elevados a nivel mundial, con una inflación promedio del 43,9% en septiembre de 2022, contrastando con el 23% global según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Por otra parte, la pobreza se concentra principalmente en las áreas rurales, donde el 41% de sus habitantes son pobres, de los cuales el 19,5% se encuentra en situación de pobreza extrema. En contraste, la tasa de pobreza de zonas urbanas alcanza el 26,2%, según datos de la Cepal.

La FAO también señala que las cadenas productivas están fragmentadas y el proteccionismo ha aumentado las barreras comerciales, resultando en un desperdicio del 15% de los alimentos disponibles y limitando el acceso de los agricultores a insumos, como fertilizantes e insecticidas, reduciendo la producción total.

A pesar de estos desafíos, América Latina y el Caribe son cruciales para la seguridad alimentaria global, ya que poseen el 30% de los recursos de agua dulce del mundo y el 40% de los recursos naturales acuáticos renovables, según un estudio del SEGIB. Esta abundancia posiciona a la región como el principal exportador neto de alimentos (14% a nivel mundial).

“Evidentemente la tecnología es absolutamente necesaria para enfrentar los retos o desafíos que tiene la agricultura: el cambio climático, la producción sostenible y aumentar productividad, porque en definitiva hay cada vez más demanda” dice Federico Bert.

Hugo Piñarreta Mezone de Agros y Agrayu, Federico Bert del IICA y Teresita Di Marco de The Yield Lab.
Hugo Piñarreta Mezone de Agros y Agrayu, Federico Bert del IICA y Teresita Di Marco de The Yield Lab.

Financiar el cultivo

Según los entrevistados para este especial, el financiamiento se erige como el principal obstáculo al que se enfrentan los agricultores.

“En este sector, el tiempo es oro. Cada día de retraso en la llegada del dólar o el peso implica una jornada de producción perdida”, señala Claudio García Salgo, director ejecutivo de ventas para Latinoamérica de ProducePay.

Así, esta agrofintech ofrece un financiamiento alternativo a los productores permitiéndoles iniciar su producción, incluso antes del ciclo agrícola.

Entre las diversas soluciones que ofrece, está el programa de comercio predecible. Por ejemplo, logró consolidar entre 5 y 7 millones de cajas de uva de mesa de agricultores de Perú, Chile y México para suministrar por 52 semanas a un distribuidor estadounidense.

Los agricultores fueron remunerados con un precio fijo, lo que redujo la volatilidad. Además, ProducePay les proporcionó acceso al capital para insumos y les adelantó el pago de sus ventas en 24 horas desde la salida del producto del puerto de origen, en lugar de esperar los habituales 45 o 60 días que el producto tarda en llegar al destino final.

Este modelo también condujo a una reducción en las tasas de rechazo por parte de los compradores en los puertos de destino. Esto se debió, en parte, a un riguroso control de la producción según criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) establecidos por organizaciones globales como el Banco Interamericano de Desarrollo, uno de los inversionistas de ProducePay.

García Salgo destaca la disparidad en la sofisticación del mercado financiero entre los agricultores latinoamericanos y los de países desarrollados. “Nuestros mercados tienden a estar más controlados por la banca, intermediarios financieros no bancarios o proveedores. Por lo tanto, buscamos ofrecer una alternativa al modelo tradicional, que no siempre se adapta a las necesidades de la industria agrícola”, añade.

Claudio García Salgo de Produce Pay, Michelle Gómez de Visualiti y Andrés Allamand de Segib.
Claudio García Salgo de Produce Pay, Michelle Gómez de Visualiti y Andrés Allamand de Segib.

Agtech al rescate del medioambiente

Frente al desafío del cambio climático, los agricultores se enfrentan a dos principales retos, según Federico Bert: adaptarse a nuevos escenarios para seguir siendo productivos, sostenibles y rentables, y ajustar sus prácticas agrícolas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los impactos del cambio climático ya son evidentes, como lo demuestra el caso de Chile, que experimentó 15 años consecutivos de sequía hasta 2023 y podría enfrentar la peor sequía en 100 años este 2024 debido al fenómeno de La Niña.

Ante este panorama, la startup chilena Neocrop Technologies está desarrollando mejoras genéticas para conferir a los cultivos mayor resistencia a la sequía y plagas y para aumentar sus propiedades saludables. Lo notable es que estas mejoras se logran en una tercera parte del tiempo requerido por los métodos tradicionales, que normalmente se tardan entre 10 a 15 años.

Entre los cultivos que están siendo objeto de intervención se encuentran el trigo y la avena. Además, la empresa está aplicando la tecnología del speed breeding al maqui, que estimula el crecimiento de la planta para acelerar la producción de frutos. También está llevando a cabo mejoras genéticas en el lupino, un grano que podría competir con la soya debido a sus altos niveles de proteína y ácidos grasos saludables, con el objetivo de hacerlo resistente a plagas.

“Somos un brazo tecnológico de empresas que hacen mejoramiento genético de forma tradicional”, explica Francisca Castillo, cofundadora y CEO de la compañía. “Además, es importante que haya desarrollos locales para cultivos de nicho que no resultan rentables para grandes empresas globales”, añade Daniel Norero, cofundador y director de operaciones.

Por otro lado, Visualiti, la startup colombiana de agricultura de precisión, se enfoca en abordar el segundo aspecto mencionado por Bert. La empresa proporciona a los agricultores instrumentos de monitoreo de humedad, clima, suelo y riego, que pueden optimizar el uso del agua hasta en un 60% e incrementar la concentración de azúcar en la uva, entre otros beneficios.

“Nos dimos cuenta que la agricultura era uno de los sectores de mayor consumo de recursos naturales y que había una brecha muy grande en las tecnologías disponibles entre los grandes y pequeños agricultores”, explica Michelle Gómez, fundadora de la startup.

De esta manera, Visualiti ofrece estos servicios a agricultores de pequeña y mediana escala a precios más accesibles y con tecnologías escalables y fáciles de usar, eliminando la necesidad de adquirir conocimientos o herramientas complementarias.

Sebastián Castillo, Francisca Castillo y Daniel Norero de Neocrop Technologies
Sebastián Castillo, Francisca Castillo y Daniel Norero de Neocrop Technologies

Financiar el cultivo (de Agtechs)

A pesar de la importancia de las Agtechs para el desarrollo económico de América Latina, aún queda un largo camino por recorrer para crear un ecosistema que convierta a la región en un hub de innovación a nivel mundial.

El financiamiento de las startups es uno de los principales obstáculos. Según el informe de Agfunder, las inversiones globales en Agrifoodtech alcanzaron su punto más bajo en seis años en 2023, con una disminución del 50% con respecto a 2022, mientras que la inversión general en capital de riesgo disminuyó 38% en el mismo período.

Andrés Allamand, del SEGIB, señala que si bien hay un avance más rápido en mercados como el Fintech, en el caso de las Agtech “faltan algunas piezas clave del rompecabezas, especialmente en lo que respecta al financiamiento y la regulación. Necesitamos más capital que apueste por un campo 4.0”.

Además, en comparación con otras “techs”, la industria de las Agtech enfrenta desafíos particulares, según Teresita Di Marco, principal de The Yield Lab Latam. Por ejemplo, ciertos tipos de desarrollo tecnológico en el ámbito de las Agtech dependen de los ciclos de producción de cultivos, y estas startups enfrentan el desafío comercial de llegar a sus clientes finales, los productores.

Por esta razón, “nuestros inversores buscan, más allá del retorno financiero que el fondo pueda dar, un valor estratégico al acercarse a la innovación y tecnología disponible en el mercado, trabajando de la mano de las startups para generar un impacto positivo en la industria”, aclara la experta, quien añade que la sinergia de las Agtechs con las compañías que ya tienen los canales con los productores establecidos, pueden resultar muy beneficiosas para todo el sector.

De hecho, el interés de los incumbentes por participar en la industria solo ha aumentado. En 2017, el primer fondo de inversión de la VC recaudó US$ 2,7 millones, luego US$ 3,3 millones y el tercero, que está cerrando en mayo, está levantando US$ 50 millones.

Finalmente, la característica del escenario agrícola de América Latina, donde el 81,3% de los productores agrícolas son familiares, dificulta la tecnificación del sector.

Por un lado, para las startups no es rentable crearles soluciones, ya que no tienen la capacidad de pagar por sus servicios y su granularidad dificulta llegar a ellos. Al mismo tiempo, la infraestructura vial e internet en zonas rurales es muy limitada para estas tecnologías.

Michelle Gómez advierte que no atender a este sector puede significar perder el potencial de América Latina para mantener y explotar su potencial agrícola. “Si seguimos concentrándonos en grandes monocultivos, los suelos se desgastarán y serán más infértiles, perderemos biodiversidad y la capacidad de producir alimentos, lo que afectará nuestra autonomía y capacidad de alimentarnos con variedad y calidad de nutrientes”.

Según el IICA, la agricultura familiar representa el 30% a 40% del PIB agrícola regional y el 27% al 67% del total de alimentos de la canasta básica.

“Algunos ven nuestro trabajo como filantropía o mecenazgo, pero yo lo veo como una oportunidad de negocio”, dice Hugo Piñarreta. “Nos propusimos abordar un problema que realmente valiera la pena resolver, y esta es nuestra oportunidad para convertir a Latinoamérica en la despensa del mundo”, añade.

Persona trabajando en una laptop en un campo de cultivo. Frente a ella hay un panel solar y postes de con sensores.
Foto: Cortesía de Visualiti
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